Iron Claw - Same
Typical bottom-of-the-barrel issue featuring all the stuff recorded along the years by this Scottish band but, surprisingly, better than most of the usual moneymaker "finds". Partly Iommian riffing in the lowest part of the scale with sinister lyrics (but with a much "rockier" singer than Ozzy Osbourne, in the finest tradition of the passionate Scottish singers!), partly Hard Blues Rock (much as Black Cat Bones, Free, Orang-Utan or Stonehouse), some Progressive Rock w/mellotron and flute, some boogie, even a couple glam tracks (!!)... and all of that, if not always of the greatest musical quality (usual problem of such releases), mostly quite acceptable and even with a few GREAT tracks. Sound quality was restored for this lavishly packed 2LP set, even so sometimes things go muddier than the desirable. Most likely a single-LP issue without the fillers would have been a better choice, still a nice addition to every early 70's HR collection.
GARRAS DE HIERRO, RIFFS DESDE LA
NIEBLA ESCOCESA Y UNA BESTIA LLAMADA METAL
En Escocia también se estaba
“cocinando” algo extraño. Mientras el rock comenzaba a “endurecerse” y las
guitarras descubrían que podían sonar como maquinaria industrial o como metales
pesados cayendo con fuerza, una banda poco conocida llamada Iron Claw estaba
construyendo su propia criatura sonora. No necesitaban grandes escenarios, ni
portadas legendarias para hacer ruido: bastaban una guitarra saturada, una
batería golpeando como si quisiera derribar las paredes y el eco de un blues
retorcido que parecía haber pasado demasiado tiempo encerrado en una habitación
oscura.
Entre 1970 y 1974, Iron Claw
registró una serie de canciones que hoy parecen pertenecer a un universo
paralelo del rock pesado. Psicodelia aplastante, blues eléctrico, riffs densos
y un pequeño pero poderoso germen de lo que después llamaríamos proto-doom.
Guitarras distorsionadas, cambios de ritmo y una crudeza que no buscaba ser
elegante.
Su música se movía por
territorios que todavía estaban siendo bautizados. Hay ecos de Black Sabbath, de
los primeros Pentagram, de Wicked Lady, Orang-Utan y Zior, pero Iron Claw no
parece una simple copia de ninguno de ellos. Tenían su propia forma de hundirse
en los riffs, como si cada canción quisiera arrastrarte unos metros más abajo.
Y quizá ahí estaba el vértigo. Porque escuchar hoy aquellas grabaciones sabiendo
que fueron hechas a comienzos de los setenta produce una sensación bastante
peculiar: Iron Claw sonaba como si el futuro hubiera llegado demasiado pronto a
Escocia. En una época en la que el heavy metal todavía estaba tomando forma,
ellos ya estaban golpeando las puertas del doom, del hard rock más oscuro y de
esa psicodelia pesada que parecía tener menos interés en expandir la mente que
en hacerla temblar.
El problema fue que el mundo no
estaba mirando hacia Escocia. Iron Claw quedó en la periferia, lejos de los
grandes nombres y de los discos que terminarían escribiendo la historia oficial
del rock pesado. Sus grabaciones permanecieron enterradas durante décadas,
esperando que alguien levantara la tapa de aquel viejo ataúd sonoro. Y cuando
finalmente volvieron a aparecer, quedó claro que el vértigo seguía ahí. Solo
que ahora nosotros podemos escucharlo.
DETRÁS DE FANTASMAS Y VOLUNTADES
Hay bandas que nacen para
conquistar el mundo y terminan estampadas en las camisetas de medio planeta. Y
hay otras que nacen en una ciudad perdida, hacen demasiado ruido para su propio
bien, se pasan unos años peleando contra el destino y finalmente desaparecen
como un borracho cuando llega la policía… Iron Claw pertenece a las segundas.
La historia comienza en 1969, en
Dumfries, Escocia, cuando Alex Wilson, Jim Ronnie e Ian McDougall decidieron
formar una banda. Eran tiempos en los que el rock estaba empezando a perder la
inocencia y las guitarras comenzaban a sonar como si alguien hubiese
descubierto que también podían servir para provocar terremotos.
Una presentación de Led Zeppelin
terminó de encender la mecha. El blues ya no parecía suficiente. Había que
empujarlo, ensuciarlo, hacerlo más grande. El nombre tampoco apareció
precisamente de una tómbola: Iron Claw fue tomado del primer verso de 21st
Century Schizoid Man, de King Crimson. Un nombre bastante apropiado para una
banda que estaba a punto de meterse hasta el cuello en el lado más oscuro del
rock.
Al principio tocaban versiones de
Free, Ten Years After, Taste y Johnny Winter. El viejo blues rock era todavía
el idioma. Pero en 1970 llegó Mike Waller como vocalista y algo empezó a
cambiar. Iron Claw dejó de mirar solamente hacia atrás y comenzó a escribir sus
propias canciones… Y entonces apareció el monstruo. Black Sabbath.
La nueva criatura que estaba
naciendo en Birmingham parecía hablar exactamente el idioma que Iron Claw
estaba buscando: riffs pesados, atmósferas oscuras y vibra empapada en acidos,
incluso comenzaron a tocar material de Sabbath en directo. Y desde ese punto la
historia empieza a ponerse deliciosa. El 16 de julio de 1970, Iron Claw
registró interpretaciones de aquellas canciones, aproximadamente dos meses
antes de que Paranoid llegara oficialmente a las tiendas. La banda preparó
además un demo con su propio material con la intención de entregárselo a Black
Sabbath después de un concierto en Newcastle.
Quizá esperaban una palmada en la
espalda… Recibieron abogados. Los administradores de Sabbath señalaron
similitudes musicales y Iron Claw terminó recibiendo “amenazas legales”. El
sueño de unos jóvenes escoceses chocaba de frente contra una pared bastante
menos romántica: la industria.
Y así, mientras el heavy metal
comenzaba a construir su catedral, Iron Claw se quedó mirando desde afuera.
En 1971, Alex Wilson despidió a
Waller y entró Wullie Davidson en su lugar. También apareció Donald McLachlan
como segundo guitarrista. La banda comenzó a desplazarse hacia un sonido más
progresivo, quizá intentando encontrar una puerta que los sacara de aquel
callejón donde el rock pesado parecía estar convirtiéndose en territorio de
otros. Pero las cosas nunca fueron demasiado amables con Iron Claw.
McLachlan salió ese mismo año. Al
siguiente, Ian McDougall abandonó la batería y fue reemplazado por Neil
Cockayne. La formación cambiaba, el sonido cambiaba, las canciones cambiaban y,
mientras tanto, el mundo seguía avanzando sin esperar a nadie.
Grabaron demos. Grabaron
sencillos. Tocaron. Buscaron una compañía discográfica que quisiera apostar por
aquellos escoceses….pero nadie abrió la puerta. Y entonces ocurrió lo más cruel
que puede sucederle a una banda joven: se acabó el tiempo. En 1974, Iron Claw
se disolvió.
Cuatro años después de haber
comenzado, aquella banda que había sentido el rugido del nuevo rock pesado y
había intentado construir su propia versión del monstruo terminó convertida en
otra historia que nadie parecía tener demasiado interés en contar. Pero las
canciones sobrevivieron.
Quedaron las cintas, los demos,
las grabaciones y los fantasmas. Quedó aquella música grabada entre 1970 y
1974, atrapada en algún lugar entre la psicodelia pesada, el blues, el hard
rock y ese proto-doom que todavía no sabía que algún día tendría nombre.
Iron Claw no consiguió su disco
cuando lo necesitaba. No tuvo el contrato. No tuvo el momento. No tuvo la
suerte. Tuvo voluntad. Y algunas veces eso es todo lo que queda cuando las
puertas se cierran.
Décadas después, aquellas
grabaciones volverían a salir de la oscuridad para demostrar algo bastante
incómodo: que mientras la historia oficial del heavy metal escribía sus
primeros capítulos, había tipos en Escocia tocando como si el futuro les
estuviera respirando en la nuca.
El mundo simplemente no estaba
escuchando. Pero los fantasmas sí.
![]() |
| Iron Claw en plena faena, haciendo retumbar los amplificadores y dejando claro que la niebla escocesa también sabía sonar pesada. |
EL COMPILADO DEL DIABLO
Ya existía “Dismorphophobia” y
era un compilado que los más under del rock lo tenían en un altar, pero no era
una edición oficial y el sonido de esta obra tampoco era un +A. Sin embargo, su
precariedad y su sonido amateur la convertían en una pieza de colección muy
gruesa. Sin embargo, no era una obra completa y no se podía apreciar en toda su
dimensión a la banda, con algunas carencias, pero con bastante carne para
saciar los apetitos. Esta obra era CULTO puro, y así fue hasta que en el 2009
se lanza la definitiva edición oficial de Iron Claw y la historia cambió.
Aquí se podría apreciar mejor a
la banda y, con las 16 pistas extraídas de los master y blablabla, Iron Claw se
consagró como una real manifestación del proto-metal. Y es que cada canción
representa la furia y la agresividad de una banda que deambulaba entre la
oscuridad y la pesadez de los riffs, a veces alimentando a esa bestia que
pronto sería conocida como “metal”.
Su sonido, entre lo furibundo, lo
ácido y lo “heavy”, se compaginaba bien con las bases del blues, a veces
logrando sonar como un blues pesado con destellos psicodélicos, citando "Sabotage". Pero también entre sus “furias” había canciones ligadas al
proto-metal como al “proto doom”. Canciones como "Skullcrusher" o "Crossrocker"eran sonidos que ya olían a futuro.
Su performance era sólida, fiera
y eléctrica, razones suficientes para comprender que los oscuros de
“Birmingham” sentían cierta preocupación de que los estaban “copiando”. Pero
bueno, la realidad del asunto es que eran épocas de un todo contra todos y era
común agarrar algo de allá, pillar algo de más allá y luego licuarlo con su
sello personal para generar algo nuevo o, por lo menos, algo más vibrante.
Cream, por ejemplo, reinventó el
sonido tomando de lo mejor de cada influencia suya. Así pasó con Iron Claw, y
eso no se discute. Y aunque se diga que sonaban a más de lo mismo, la banda
tenía personalidad y un aura muy densa. Lamentablemente, nunca oficializaron un
álbum y se perdieron en los mares del tiempo. Pero todo llega con calma y hoy
Iron Claw se vuelve un documento de peso, al cual deberían haber llamado
Clawstrophobia.
Mini-datos:
- Iron Claw ganó un concurso que les permitió grabar su primer demo: El 1 de junio de 1970, Iron Claw participó en un concurso cuyo premio era precisamente una sesión de grabación. La banda ganó interpretando tres canciones: “Same Old Story”, “Wicked World” y “Sabotage”. Posteriormente, el primer demo fue registrado en Edimburgo el 17 de septiembre de 1970, utilizando una máquina de cuatro pistas y grabando “Sabotage” y “Mist Eye”.
- El segundo demo se grabó en Londres... ¡en un solo día!: El 5 de diciembre de 1970, Iron Claw viajó a Londres para realizar otra sesión de grabación, nuevamente en cuatro pistas. Lo curioso es que todo el material se registró en un solo día. Allí volvieron a grabar “Sabotage” y “Mist Eye” y registraron nuevas composiciones como “Crossrocker”, “Clawstrophobia”, “Skullcrusher”, “Take Me to Your Leader”, “Saga” y “Bright Future”.
- Alex Wilson conservó los masters durante décadas: El bajista y fundador Alex Wilson conservó los masters originales durante todos esos años. Según declaró él mismo, Dismorphophobia no fue un lanzamiento oficial de Iron Claw y el material había sido grabado en diferentes estudios entre 1970 y 1974, no como un único álbum. Cuando Rockadrome publicó Iron Claw en 2009, lo hizo utilizando esos masters originales, convirtiéndose en el primer registro oficial del trabajo de la banda.
- Iron Claw está relacionada con una de las primeras grabaciones conocidas de Black Sabbath en directo: Según Rockadrome, Alex Wilson fue quien conservó y posteriormente sacó a la luz una grabación de un concierto de Black Sabbath de 1969 en Dumfries, considerada la grabación de concierto más antigua conocida de la banda. Iron Claw estuvo vinculada a aquella escena local y posteriormente incorporó numerosas canciones de Sabbath a su repertorio, entre ellas “War Pigs”, “Fairies Wear Boots”, “Wicked World”, “Green Manalishi” y “Lady Whisky”.
02.Mist Eye
03.Sabotage
04.Crossrocker
05.Skullcrusher
06.Let It Grow
07.Rock Band Blues
08.Pavement Artist
09.Strait Jacket
10.Gonna Be Free
11.Loving You
12.Lightning
13.All I Really Need
14.Knock 'Em Dead
15.Winter
16.Devils
CODIGO: @


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