Japón Freak: Yonin Bayashi - Isshoku Sokuhatsu
Yonin Bayashi was a band from Japan. They released this fine album back in 1974. A psychy and jazzy progressive rock that alternate heavy and slow passages with change of rhythms. Dreamy vocals and brilliant guitars. Use of piano, mellotron and mini moog. Solid musicianship and enjoyable atmospheres.
Commercial-leaning prog with a lead singer who sounds like he's aspiring to be a teen heart throb. The instrumental passages are pretty good though, and remind me at times of the San Francisco scene, before delving off to spacier realms. The best moments occur in the title track. Isshoku Sokuhatsu ends up being an enjoyable album, though not particularly memorable, and clearly derivative of Western trends. I prefer the debut.
Yonin Bayashi: Cuatro músicos
frente a la revolución sonora
En 1974, mientras el rock
progresivo británico despliega sus catedrales sonoras y los sintetizadores
comienzan a conquistar nuevos territorios, “el germen” llega a Japón y 4
jóvenes demuestran que “la nueva revolución musical” no tiene por qué hablar
inglés para resultar fascinante. Su nombre es Yonin Bayashi y el disco que hoy
nos ocupa, Isshoku Sokuhatsu, está llamado a convertirse en una de las obras
destacadas del rock progresivo japonés de esta década.
Pero antes de que esta revolución
sonora alcance su máxima expresión en 1974, debemos remontarnos a los primeros
pasos de la banda. Los orígenes de Yonin Bayashi se remontan a 1969, cuando dos
estudiantes de secundaria con inquietudes musicales poco comunes, Daiji Okai,
batería y multi-instrumentista, y Katsutoshi Morizono, guitarrista y vocalista,
coinciden en el Saginomiya High School. Aquel encuentro, que bien podría
figurar entre las pequeñas leyendas del rock japonés, sienta las bases de lo
que está por venir. Con la incorporación de Shin'ichi Nakamura al bajo y de
Hidemi Sakasita a los teclados, los cuatro músicos se atreven a interpretar de
principio a fin Echoes de Pink Floyd, ¡PERO con una ejecución completamente improvisada!
La audacia de semejante aventura no pasa inadvertida y deja al público
sorprendido. Aquella experiencia constituye uno de los episodios que marcan el
camino hacia la formación de Yonin Bayashi, un cuarteto que comienza a forjar
su propia identidad musical en una época en la que el rock progresivo está
ampliando sus fronteras a ambos lados del mundo.
Ahora, en 1974, el cuarteto
presenta su segundo album, Isshoku Sokuhatsu, una obra que recoge las inquietudes
musicales de sus integrantes y las proyecta hacia un territorio donde la
psicodelia, el hard rock y la experimentación progresiva conviven sin necesidad
de pedir permiso a las convenciones.
En una época en la que las
grandes formaciones británicas dominan buena parte de las conversaciones entre
los aficionados al rock progresivo, Yonin Bayashi desarrolla un lenguaje
propio. Sus composiciones no se limitan a reproducir las fórmulas occidentales:
hay en ellas una sensibilidad particular, una marcada inclinación por los
contrastes y una manera de construir atmósferas que permite a la banda
distinguirse dentro de la efervescente escena japonesa.
Piezas como “Sora to Kumo” y
“Isshoku Sokuhatsu” revelan las distintas facetas de su propuesta. Mientras la
primera despliega una sensibilidad melódica y atmosférica, la segunda lleva la
exploración instrumental hacia terrenos más ambiciosos, con una combinación de
guitarras y teclados que amplía los horizontes de la composición. Son momentos
en los que el cuarteto demuestra que el rock progresivo puede trascender las
fronteras geográficas y lingüísticas para convertirse en una experiencia
musical de alcance universal.
Y es precisamente ahí donde
reside la importancia de Isshoku Sokuhatsu: no estamos simplemente ante un
disco interesante procedente de Japón, sino ante una obra que permite apreciar
la riqueza y la personalidad que alcanza el rock progresivo nipón durante los
años setenta. Su ambición instrumental, sus cambios de atmósfera y su
particular identidad sonora lo convierten en un álbum de referencia para
quienes desean explorar las vertientes menos conocidas de aquella
extraordinaria década.
Con Isshoku Sokuhatsu, Yonin
Bayashi demuestra que el rock japonés es mucho más que una curiosidad exótica
para los coleccionistas occidentales. Es un territorio fértil, experimental y
lleno de posibilidades, donde cuatro músicos toman las influencias de su tiempo
y las transforman en una aventura propia.
Y sí, estimado lector: conviene
tener el tocadiscos preparado. Este viaje no incluye guía turístico, y las
señales de salida desaparecen en cuanto comienza la música.
Impresiones Personales: Equilibrio en estado progresivo
En el umbral sonoro de los 70,
apareció en Japón una obra que lidiaba con la vanguardia europea y demostraba
tener una sensibilidad muy marcada. Isshoku Sokuhatsu bebía de la fuente parida
en la vieja Inglaterra y se pronunciaba de una manera épica. En su música
podían percibirse ciertos apegos por terrenos eclécticos y, además, entre sus
surcos flotaba la vibra de bandas como King Crimson, Pink Floyd y hasta Camel.
Por lo tanto, su propuesta tenía un sello especial: no sonaba tan experimental,
ni tan oscura.
Yonin Bayashi enfocaba su música
en la armonía del sinfonismo y la fusionaba con retazos de jazz y psicodelia.
Aparte, experimentaba con ciertas formas, pero nunca lograba elevarse como
otras bandas más ácidas. Se alejaba un poco de la “liturgia nacionalista” de
agrupaciones como J. A. Seazer, Geinoh Yamashirogumi o Love, Live & Life.
En estas bandas se podía sentir, en su propuesta musical, el sello
inconfundible de Japón. No obstante, Isshoku Sokuhatsu asumía en parte la
postura del psycho/prog japonés, algo que podía sentirse en la introducción del
álbum y en algunos pasajes de la obra en general.
Por otra parte, el disco me
recuerda un poco a la propuesta de Oz, la banda de Carmen Maki, o a Flied Egg;
es decir, agrupaciones más “britanizadas” que “japonoides”. Por ello, Yonin
Bayashi alcanza un equilibrio perfecto. Canciones como "Omatsuri" son el
reflejo de mis palabras: la pieza tiene un encanto muy sugerente que encaja a
la perfección con la onda del jazz rock fusión y los curtidos sonidos del
Hammond. Una exquisita propuesta que, en parte, nos trae a la memoria a Camel y
su revolución del prog sinfónico.
La impresión que me deja este álbum es muy positiva. El disco cumple bien su cometido y consigue que “la sesión” se convierta en una experiencia realmente placentera. Entre pasajes curtidos de jazz sinfo-eléctrico y las incursiones de un Japón ebullicioso, inmerso en la corriente progresiva europea y sus distintas vertientes, esta obra logra alcanzar un resplandor fulminante. Entre pasajes de fantasía, cambios de tiempo y arreglos de gran elaboración, se construye un viaje hacia la más bella armonía progresiva. Por ello, no es un álbum que deba ignorarse. Y si todavía no has dado con su "magia", es el momento de sumergirte en este debut encantador… Pero estás advertido: la introducción es un baldazo de agua helada a las 3:00 a. m.; lo que sigue te llevará al mayor orgasmo sonoro. ¡Adelante!
Mini-datos:
- Una primavera encerrados entre cintas y consolas: El álbum se grabó entre febrero y abril de 1974 en los estudios T.S.C. La producción estuvo a cargo de Yonin Bayashi para Cool Out Production, con Tatsuhiko Mitsumoto, Shinji Hinoki y Shigeo Takahashi acreditados en labores de producción ejecutiva y asesoramiento. Un trabajo desarrollado durante varios meses, en plena época de expansión del rock progresivo japonés.
- “Omatsuri” tiene un invitado entre sus surcos: En “Omatsuri”, la tercera pieza del álbum, participa el percusionista Toshi Ishizuka, acreditado en las congas. Es un detalle interesante porque añade otra textura rítmica a una composición que ya destaca por su amplitud instrumental. Así que, además de guitarra, bajo, batería y teclados, hay un invitado que contribuye a darle color a esta excursión progresiva.
- Un título que significa algo más que una explosión musical: El título japonés Isshoku Sokuhatsu (一触即発) es una expresión idiomática que describe una situación extremadamente tensa, a punto de estallar con el menor contacto o provocación. Su sentido puede traducirse como «a punto de estallar» o «una situación explosiva». Una elección de título bastante apropiada para un álbum que alterna pasajes atmosféricos con momentos de gran intensidad instrumental.
- Antes de Isshoku Sokuhatsu, una banda sonora cinematográfica: Aunque Isshoku Sokuhatsu es considerado por MUCHOS como el gran debut de Yonin Bayashi, el grupo ya había trabajado en la banda sonora de Aru Seishun / Hatachi no Genten, publicada en 1973. La música acompañaba una película basada en el diario de la estudiante Etsuko Takano. Aquella experiencia cinematográfica permitió al cuarteto explorar atmósferas musicales antes de presentar su primer álbum de rock progresivo.
02. Sora To Kumo
03. Omatsuri
04. Isshoku Sokuhatsu
05. Ping-Pong Dama No Nageki

Comentarios
Publicar un comentario
Muchas Gracias por enriquecer el Blog con tu comentario. Saludos.