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Osibisa - Same

 

African fire... "Early one morning in the heart of Africa ...." so starts Osibisa, the world-beating group and their first and best album. As Santana inspired Latin Rock, so this band fused different styles to create the new Afro-Rock. When this album dropped it made cross-cultural shockwaves surely still being felt today. The African and West Indian musicians came together in the musical hothouse of late 1960s London, got in the best producers, and made this groundbreaking record. African Highlife styles fuse with the new funk and rock - combining the Hendrix-inspired guitar of Wendell Richardson, with the jazzy trumpets and horns of Mac Tontoh and Teddy Osei. Dont forget the funky keyboards of Robert Bailey, and a few more fiery players, all giving the congas, timbales and drums a polyrhythmic workout. The beat is primal, trance-like, song arrangements intricate but always joyfully melodic. Perhaps Fela Kuti and Manu Dibango were the only others taking up this type of music on the world stage at the time. These era-defining songs take you on a journey from the building percussive momentum of 'The Dawn' to the socially aware lyrics of final song 'Think about the People'. Add a brilliant cover graphic and here is a landmark release.

Osibisa: crónica de un hallazgo irrepetible

Osibisa es una banda formada en Londres en 1969 por cuatro africanos y tres caribeños que alcanzó su mayor popularidad a comienzos de los años setenta. Fueron uno de los primeros grupos africanos en obtener reconocimiento mundial y, sin duda, un verdadero suceso en su propio continente. No solo por su origen, sino por lo que lograron hacer con el sonido.

Osibisa supo fusionar la música africana y caribeña con el rock, el jazz, la música latina y el rhythm and blues, creando una mezcla vibrante donde los ritmos estallan con una alegría contagiosa, fiel al significado de su nombre: una explosión de felicidad rítmica. Nada suena forzado; todo fluye con naturalidad, como si esos sonidos siempre hubieran estado destinados a encontrarse.

En 1971 editan su álbum debut, Osibisa, un trabajo donde los ritmos se liberan por completo y la percusión se convierte en el centro del banquete. Aquí no hay concesiones ni medias tintas: el pulso es directo, festivo y poderoso. Sin duda, todo amante de los sonidos afro-caribeños encontrará en este disco algo esencial, alegre y magistral.

Impresiones Personales: Colores, raíces y Sabanas sonoras

Osibisa llegó a mí como llegan las cosas importantes: sin aviso y por pura curiosidad. No fue una recomendación, ni una búsqueda consciente; fue una portada. Recuerdo con claridad la primera vez que lo vi en la tienda. Estaba ahí, entre discos gastados y promesas mudas, y me jaló de inmediato ese arte de fantasía firmado por Roger Dean. Criaturas “elefantásticas”, un mundo de ensueño, colores vivos que parecían moverse aun con el plástico encima. Era una portada mágica, con un aire progresivo inconfundible. Por un instante pensé que estaba frente a alguna banda de rock sinfónico, pero no: el asunto iba por otros terrenos, más salvajes, más cálidos, hechos de sabanas misteriosas y sonidos profundamente coloridos.

Lo poco que escuché ahí mismo, en la tienda, ya me dejó anonadado. El disco arrancaba con un tema cargado de raíces y electricidad; cada instrumento parecía tener pulso propio, como si respirara. Pero fue cuando el vendedor puso “Oyiko Bia” que algo se me quedó clavado en el alma. No supe explicarlo en ese momento. Solo supe que eso no era música de paso.

Osibisa resultó ser mucho más que funk o jazz alegre. Era una manifestación vibrante del sonido madre. África vivía ahí, latente, atravesándolo todo. Jazz, funk, R&B, folk y una postura claramente progresiva se entrelazaban sin pedir permiso. Se notaba ese espíritu prog en el arte, en ciertos arreglos, en los cambios de tiempo y en esa sofisticación opulenta tan propia del género, siempre sostenida por una base jazzística firme. La clave estaba clara: una suerte de jazz fusión con identidad afro-sound que teñía el ambiente cada vez que el disco giraba.

Cuando por fin escuché la placa completa, la experiencia fue tan intensa como enriquecedora. Lo que había comprado era una pequeña joya. Parte de su encanto residía en esas percusiones de afro rock y en sus pasajes de fantasía, aunque también se percibía que el álbum aún estaba en pleno proceso de madurez. Sería con su siguiente trabajo, Woyaya, cuando el concepto Osibisa terminaría de asentarse y crecer como una propuesta más sólida. Aun así, este debut funcionaba como una puerta de entrada perfecta a todo ese universo de sonidos y matices.

Si aquel disco prendido en el escaparate me atrapó, fue también por una cuestión de suerte. Era uno de esos álbumes que aparecían de vez en cuando en ciertas pira-tiendas: rarezas que llegaban una sola vez y luego se evaporaban. Donde lo encontré era uno de esos lugares donde los discos aparecían y desaparecían sin aviso. Aquella copia, con su portada gastada y su estuche acrílico marcado por el tiempo, era un extraño postre en esa pastelería sonora.

El vendedor terminó de convencerme cuando le pregunté:
—¿Y de qué va esto?
Entonces vino el ritual: escuchar, charlar y luego comprar.

Dentro de mis adquisiciones, este fue un hallazgo particularmente especial. Y es que eso era lo maravilloso de salir a cazar discos: nunca sabías con qué ibas a encontrarte. No había internet que guiara el camino ni revistas que profundizaran en estos sonidos; solo el rumor de boca en boca y la certeza de que podías llevarte tanto un fiasco como una revelación. Eso fue lo que pasó con Osibisa. Nunca volví a ver otro álbum suyo en tiendas, salvo algún The Best. Todo lo demás llegó después, ya en otros tiempos, gracias a la red.

Pero ese primer encuentro —ese disco gastado mirándome desde la vitrina— sigue siendo irrepetible.

Hasta más vernos.

Mini-datos:

  • Fecha de lanzamiento y producción:: El álbum Osibisa, debut homónimo de la banda, fue publicado en junio de 1971 por el sello MCA Records. Fue grabado ese mismo año y producido por Tony Visconti, quien ya era conocido por su trabajo con artistas de rock británico y aportó una dimensión sonora amplia al disco.

  • Sonido expansivo y mezcla de estilos: Esta primera obra abrió al mundo la fusión única de ritmos africanos y occidentales de Osibisa, combinando percusiones inspiradas en la tradición con secciones de vientos, teclados y un enfoque que incorporaba elementos de jazz, rock y música popular contemporánea. Las melodías y estructuras del álbum no se limitan a un solo género, lo que le da un carácter ecléctico y expansivo.

  • Éxito internacional y recepción: Osibisa tuvo un impacto internacional significativo para una banda africana de su tiempo: abrió puertas en mercados tan diversos como Europa, Estados Unidos y Australia, y ayudó a la banda a presentarse ante audiencias mucho más amplias que las de su escena londinense original.

  • Roger Dean y el arte visual del álbum: La icónica portada del álbum, con sus criaturas fantasiosas y colores vivos, fue diseñada por Roger Dean, reconocido artista británico que trabajó con varios grupos de rock progresivo de la época. Su estilo visual distintivo ayudó a dar al disco una presencia tan memorable como su música, haciendo que muchos oyentes lo recordaran tanto por las imágenes como por los sonidos.

02.Music for Gong Gong
03.Oyiko Bia.
04.Akwaaba
05.Oranges
06.Phallus C.
07.Think About the People

CODIGO:




Nota: El "demo-link" es una edición deluxe que contiene los 2 primeros trabajos de la banda. Próximamente estaré reseñando el mítico Woyaya.

Anexo: 

Ginger Baker's Air Force - Same 

Si Osibisa representa la celebración abierta, solar y comunitaria del pulso africano, Ginger Baker’s Air Force muestra su contracara eléctrica y tensa. Publicado un año antes, el proyecto liderado por Ginger Baker abordó la raíz africana desde otro ángulo: más experimental, más áspero, con el rock y el jazz empujando constantemente los límites de la forma. Ambos álbumes comparten un mismo punto de origen —África como fuerza rítmica y espiritual—, pero difieren en la intención. Donde Osibisa invita al cuerpo a moverse y a la celebración colectiva, Air Force propone un viaje más introspectivo y combativo, casi ritual, donde la percusión no celebra: confronta. Dos discos distintos, dos caminos paralelos. Uno sonríe y abre los brazos; el otro aprieta los dientes y avanza. Pero ambos demuestran que, a comienzos de los años setenta, el ritmo africano dejó de ser un eco lejano para convertirse en lenguaje central dentro del rock, el jazz y sus márgenes.


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