Clásicos de Oro: El Ritual - Same
One of the best mexican prog-rock album I've ever heard. Good vocals and guitars by Frankie Barreño and sometimes he plays flute. The songtitles mainly are spanish, but fortunately they sing in english. The first two songs is rather different and I like less than the others. From track 3 we could listen a very good, but typical progressive rock. "Groupie" is similar with Santana. Conspiración is a prog-rock masterpiece.
Solid and above average. None of the tracks are killer singles, but most would be considered great B-sides.
El Ritual: rock mexicano del lado del mito
Cuando el rock no era una fiesta sino un acto de fe, una ceremonia clandestina celebrada entre amplificadores fatigados, luces defectuosas y miradas vigilantes. Apareció El Ritual, una banda que no buscaba aplausos sino invocaciones, y que dejó como única ofrenda un disco homónimo en 1971: breve, denso, cargado de sombras .Nacidos en Tijuana y empujados hacia el Distrito Federal como quien cruza un umbral prohibido, El Ritual llegó al mítico Avándaro sin garantías ni bendiciones. Según cuenta la leyenda: El sonido falló, la luz se quebró, y el supuesto trampolín se convirtió en un presagio: este no sería un grupo de multitudes, sino de culto. Mientras otros celebraban la libertad psicodélica, ellos sembraban inquietud. Había algo en su música que olía a incienso quemado y electricidad negra.
Su único álbum no se escucha
como un debut.
Se escucha como un testamento.
Es un disco que no pide
contexto, sino silencio.
Es un ritual que comienza cuando
la aguja toca el vinilo… y ya no hay vuelta atrás.
¡BIENVENIDOS AL RITUAL!
Contexto histórico: Una banda, un disco, una invocación
Dicen que El Ritual no empezó con un ensayo, sino con una conversación a media noche en Tijuana, cuando el aire del desierto todavía vibraba con ecos de guitarras extranjeras y promesas imposibles. Frankie Barreño lo vio claro antes de escucharlo: una banda que no sonara como las demás, que no pidiera permiso, que no explicara nada. Una música que entrara directo al cuerpo, como una revelación o una amenaza. Poco a poco llegaron los otros. Gonzalo Hernández con el bajo colgándole como un arma antigua. Abelardo Barcelò golpeando la batería como si marcara el pulso de algo más grande. Martín Mayo frente a los teclados y el micrófono, invocando palabras en inglés que sonaban ajenas y, al mismo tiempo, peligrosamente correctas. Cuatro figuras reunidas sin saber que estaban escribiendo algo que duraría más que ellos.
En 1971 dejaron la frontera atrás y bajaron hacia el Distrito Federal. No viajaban solo con instrumentos: llevaban una idea fija, casi obsesiva. El rock podía ser oscuro. Podía ser ceremonial. Podía mirar a la psicodelia, al hard rock, al jazz latino, y mezclarlos sin pedir disculpas. Cuando grabaron El Ritual, el disco no quedó como una colección de canciones, sino como un testimonio. Ocho piezas que parecían grabadas en una habitación cerrada, con velas encendidas y la sensación constante de que algo estaba a punto de romperse.
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| El Ritual: cuando el rock era un acto de fe |
Avándaro apareció en el horizonte como una promesa. El gran festival. El momento exacto en que todo debía alinearse. Pero el destino, que siempre disfruta torcer los planes, decidió apagar las luces y distorsionar el sonido. El Ritual tocó, sí, pero como se habla en sueños: a medias, entre interferencias. No hubo explosión, no hubo consagración. Solo la certeza de que algo importante había ocurrido… aunque nadie supiera explicarlo del todo. Después vino el proyecto imposible: una ópera rock llamada The Land Of What You Talk To. Era demasiado grande, demasiado ambiciosa, demasiado adelantada. Nunca se terminó. Se perdió como se pierden las cosas que no estaban hechas para quedarse. Y con ella, lentamente, se fue apagando la banda. Aun así, El Ritual no desapareció. Volvió en reediciones, en sencillos, en vinilos rescatados décadas después, como objetos malditos que siempre regresan. Sus canciones seguían ahí, con rastros de ocultismo, sombras satánicas apenas sugeridas, y una música que no envejecía: solo se volvía más extraña, más viva.
Hoy nadie habla de El Ritual como de una banda común. Se habla como se habla de una historia que ocurrió de verdad, pero que parece inventada. Una banda que pasó rápido, dejó señales y se fue. Como si su verdadero propósito no hubiera sido triunfar, sino demostrar que el rock mexicano, por un instante, estuvo a punto de cruzar una puerta… y decidió quedarse del lado del mito.
Impresiones Personales: El Ritual y su hechizo eléctrico
El álbum es un pastiche sonoro ácido, pesado y ecléctico; su performance tiene un buen nivel y la fuerza que desborda por momentos es tan fiera y de alto impacto que a veces da la impresión de sentir ciertas posturas progresivas, al punto de calificarlo como una muestra de hard prog, pero creo que eso va más allá de los linderos del alma: el ritual da un paso más allá; tiene un “no sé qué” que logra volverse algo realmente interesante. Es un volcán activo, una locomotora sin control, un toro suelto en una cristalería.
Canciones como “La Tierra De Que Te Hablé” o “Easy Woman” son puntos claves para captar la esencia de la banda, pero el asunto no queda ahí: en su performance podemos degustar un hard rock ácido cargado de posturas psicodélicas y ciertos toques seudo prog diluidos en aromas folk.
Es una obra que por momentos te atrapa con su sonido HEAVY y en otros con sonoridades más ligeras y de armonías melódicas en tonos dulces; ahí tenemos, por ejemplo, “Bajo el Sol y Frente a Dios”, una canción dulce y empalagosa que encandila, todo lo contrario a la oscura e histriónica “Satanás”. Sin duda alguna, El Ritual tiene un sonido ceremonioso, solemne, a ratos amenazante, y entre sus surcos asomaban el ocultismo, el satanismo sugerido, no como pose, sino como atmósfera; no como grito, sino como murmullo persistente.
Un álbum de CULTO puro y duro que merece más de una sesión para sentir toda la magia de su performance y la grandiosidad de su legado.
Mini-datos:
- El grupo es original de Tijuana y estuvo integrado por Frankie BARREÑO (guitarra, flauta y voz), Gonzalo HERNÁNDEZ (bajo), Alberto BARCELO (batería) y Martín MAYO (teclados).
- El Ritual llego al Distrito Federal en 1971, meses antes de la celebración del Festival de Avándaro en el cual participaron sin mucho éxito, ya que tuvieron que afrontar serios problemas de audio y de iluminación....
- Tras el disco, la banda se encerró en su proyecto más ambicioso: una ópera rock llamada The Land Of What You Talk To. Nunca vio la luz. Como todo lo verdaderamente peligroso, quedó inconclusa, perdida, convertida en leyenda. El Ritual desapareció pronto, dejando apenas sencillos dispersos, portadas inquietantes y la sensación de que algo importante había quedado sin terminar.
02.La Tierra De Que Te Hablé
03.Bajo el Sol y frente a Dios
04.Satanás
05.Peregrinación Satánica
06.Conspiración
07.Groupie
08.Muerto e ido
CODIGO: I-39


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