NUYORICA SOUND: Karamanduka & Melcochita - Acabó con Lima, Huyó pa’ Nueva York
This mega-rare 1969 album pays tribute to the Bronx and Brooklyn neighborhoods where young Latinos had invented the boogaloo a few years earlier. This record highlights the quality of Peruvian boogaloo and the talent of musicians such as pianist Otto de Rojas and percussionist Coco Lagos.
Entre el barrio y la fuga:
boogaloo para la última noche
Este “rarísimo” álbum de 1969
mira al Bronx y a Brooklyn como quien escribe una carta desde muy lejos. Allí,
unos años antes, los jóvenes latinos habían inventado el boogaloo mezclando
ritmos afro-cubanos con rock, soul y jazz, sin saber que ese fuego cruzaría el
mapa y prendería con la misma intensidad en el Perú.
“Acabó Con Lima Huyó Pa Nueva
York” no es una copia, ni una postal: es una respuesta. Un disco que confirma
la calidad del boogaloo peruano y el talento de músicos como Otto de Rojas en
el piano o Coco Lagos en la percusión, nombres que entendieron que el ritmo
también podía ser migrante.
Desde mediados de los 50, con La
Sonora Macedo llevando la música cubana por cada rincón del país, el Perú ya
venía afinando el oído. Ñiko Estrada, Joe di Roma, Pepe Hernández, Tito
Chicoma, Charlie Palomares… músicos atentos, hambrientos, siempre mirando hacia
la isla y, sin saberlo, también hacia Nueva York. Mientras en los primeros 60
convivían el rock ligero, el doo-wop, las baladas y la bossa nova, este disco
apareció como una grieta: Lima soñando en español con acento del Bronx.
“Acabó Con Lima, Huyó Pa’ Nueva
York” fue más que un álbum, fue un pequeño complot limeño. Un proyecto
improbable que reunió a tres figuras del show business local, cada una con su
propio ruido interno.
Estaba Manuel Guerrero, fundador
de MAG, productor sin miedo a ensuciarse las manos, capaz de sumarse a los
coros o a la percusión si el clima lo pedía. Estaba también Pablo Villanueva,
Melcochita, artista total salido del barrio de La Victoria, heredero de una
familia musical y dueño de unas vocales y percusiones que no sabían quedarse
quietas. Y como tercera pieza de este rompecabezas aparecía Alberto Montroy
Laostervened, músico, actor y cómico, conocido en los 60 —con poco más de
veinte años— por su imitación de Cantinflas. No solo copiaba los
gestos: le prestaba el cuerpo. Bajo el nombre de Pepe Moreno “Karamanduka”,
también dejaría registrado su propio guiño boogaloo con El boogaloo de
Cantinflitas.
Escuchar este disco hoy es
imaginar ese cruce: músicos, cómicos y productores jugando a ser Nueva York
desde Lima, sin pedir permiso y sin saber que estaban dejando un documento
extraño, brillante y difícil de clasificar.
Impresiones Personales: Flow
oculto y calle dura: Lima en clave boogaloo
Este es un álbum con picardía, ritmo y sabor, de esos que no se imponen a la primera, pero se van quedando. Algunos podrían despacharlo rápido como una obra menor, y quizá no les falte razón si se quedan en la superficie. Pero hay algo ahí, un valor oculto, que solo se deja ver cuando bajas la guardia y te entregas a la escucha.
El disco fluye con naturalidad, desborda flow, y la improvisación de los músicos arde con una energía difícil de fingir. Hay química real, palpable, entre el sonero y la banda. Se siente en cortes como “El Sobrado” o “Dale a los cueros”, donde todo parece estar ocurriendo en tiempo presente, sin red de seguridad. Ahí está la magia: en la performance, en esa sensación de sesión viva que convierte la escucha en una experiencia casi física.
Poco a poco, el disco deja de parecer “simple”. Algo cambia. Se vuelve más prendido, más carnal, con un carácter que no busca pulirse ni explicarse. “Vuela mi descarga” lo deja claro: no es cuestión de complejidad, sino de actitud, de cómo se dicen las cosas y con qué fuego. Y cuando parece que ya entendiste el juego, la banda se permite ir un paso más allá. Aparecen las fusiones latinas, sin alarde ni pose, en piezas como “Booga Jazz” o “PeruvianGuajira”, que expanden el mapa sonoro y refuerzan esa sensación de libertad total, como si nadie estuviera mirando el reloj. Por todo ello, "Acabó con Lima, Huyó pa’ Nueva York" termina revelándose como una experiencia intensa, libre y gozosa. Un disco que no pide permiso, que se mueve dentro de lo permitido… y, cuando puede, un poco más allá. De esos que crecen en la penumbra, cuando la noche ya está avanzada y uno escucha con otros oídos.
Mini-datos:
- Un título que ya era una historia: Acabó Con Lima, Huyó Pa’ Nueva York no fue pensado solo como nombre llamativo: funcionaba casi como consigna urbana. En una época donde viajar a EE. UU. era más fantasía que plan real, el título condensaba el deseo de escape, modernidad y aventura que flotaba en la Lima de fines de los 60.
- Sesiones más cercanas a una descarga que a un álbum formal: Varias grabaciones del disco se realizaron con un espíritu cercano a la descarga en vivo: tomas largas, improvisación abierta y músicos rotando instrumentos. Esa espontaneidad explica el “flow” y la sensación de performance que atraviesa todo el álbum.
- Melcochita antes del mito popular: Mucho antes de convertirse en figura omnipresente del humor y la televisión peruana, Pablo Villanueva Melcochita ya era un músico respetado dentro del circuito tropical. Este disco captura ese momento donde su identidad musical aún estaba al frente del escenario.
- Cantinflas bailando boogaloo desde Lima: La participación de Alberto Montroy Laostervened como Pepe Moreno “Karamanduka” conecta el boogaloo con el humor popular. Su Boogaloo de Cantinflitas no solo parodiaba al personaje mexicano, sino que demostraba cómo el género podía absorber teatro, comedia y picardía sin perder groove.
01. Peruvian Boogaloo
02. El Sobrado
03. Peruvian Manteca
04. Dale a Los Cueros
05. Booga Jazz
06. Vuela Mi Descarga
07. Peruvian Juajira
08. Cureando
CODIGO: @


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