Sonny Sharrock - Black Woman
This is easily one of the 2-3 most unique Jazz albums I have heard as it both an extremely unique instrumental composition and the unique vocals on the album. Instrumentally there is a large focus being on Sonny's electric guitar as well as the inclusion of horns on only the first two tracks which is pretty atypical for Jazz music. It is just an incredibly unique and challenging listen that is at both times passionate and dissonant, forcing the listener to reckon with the struggles of the titular black women of America. It is definitely an acquired taste but it really did something for me. The only issue I had was the screeches and yelps by Linda became a little overbearing and too harsh on the final track. By that I don't mean thematically because in that sense they work but musically it is just appealing to listen to at times.
“Sharrock no toca la guitarra: la utiliza como un arma blanca. Black Woman es un disco que debería venir con advertencia para oyentes sensibles.” — Edgar Miles, Downbeat Observer
“Mientras otros músicos intentan salvar el jazz, Sonny Sharrock lo arroja al vacío para ver si aprende a volar.”
— Ruth Ellington, Underground Music Press
El free jazz tiene una nueva
arma, y no es un saxofón: Sharrock entra al campo de batalla con cuerdas y
retroalimentación.
![]() |
| Sharrock: Gritos, trance y electricidad |
Sharrock, conocido ya en los
círculos más extremos del free jazz, es uno de los pocos guitarristas que se
atrevieron a entrar en una guerra dominada por saxofones, y lo hizo armado
hasta los dientes. Su guitarra no canta: ladra, chilla, se desgarra. Usa
acordes como bloques de concreto, cadenas de retroalimentación ensordecedora y
líneas que parecen saxofones poseídos más que cuerdas afinadas. Aquí la
amplificación no es técnica: es provocación.
No hay concesiones. No hay
singles. No hay promesas. Black Woman se mueve fuera de toda lógica comercial
conocida. Cada tema parece diseñado para poner nervioso al oyente, para
incomodar al crítico y para hacer que más de un purista del jazz mire el
tocadiscos como si acabara de estallar. Esto no es música para distraerse: es
ruido organizado con intención.
En un momento en que el jazz
busca desesperadamente su futuro, Sonny Sharrock deja caer esta bomba sin pedir
permiso. Black Woman no solicita atención: la exige. Y mientras algunos lo
llamarán herejía y otros lo celebrarán como revelación, una cosa es segura:
este disco no pasará desapercibido. Y quizá, justamente por eso, ya está
haciendo más ruido que muchos álbumes pensados para triunfar.
Contexto histórico: La bomba que
Sonny Sharrock dejó caer sobre el jazz
Cuando Black Woman comienza a
circular en 1969, Sonny Sharrock ya no es un nombre susurrado en sótanos ni
un secreto a voces del free jazz. Es, para muchos, un problema en expansión. Su
historial junto a Pharoah Sanders, Don Cherry, Wayne Shorter y Byrd Lancaster
lo ha colocado en el radar de la vanguardia más dura, pero nada de eso preparó
al ambiente para el verdadero escándalo: su alianza con Herbie Mann.
Sí, ese Herbie Mann. El flautista
respetable. El nombre aceptable. El que aparece en estanterías prolijas. Mann
no solo produce Black Woman, sino que se planta públicamente a favor de
Sharrock después de haberlo incluido en nueve grabaciones previas, desatando
murmullos, cejas levantadas y cuchillos afilándose en la crítica. Para muchos,
aquello no fue una colaboración: fue una traición.
Las críticas no tardan en llover.
¿Cómo puede alguien como Sharrock —ese guitarrista que hace gritar los
amplificadores y dinamita la armonía— estar en la banda de Mann? La respuesta
del flautista cae como gasolina sobre el incendio:
«Mucha gente dice que no puede entender cómo Sonny Sharrock puede estar
en mi banda. La única razón es que piensan que un líder debe criar a todos sus
músicos a su propia imagen. Eso solo demuestra que la gente y los críticos no
saben nada sobre los individuos».
En un mundo de jerarquías
sagradas y estilos blindados, esas palabras suenan a herejía pública.
El disco aparece… y el caos se
confirma. Black Woman es señalado de inmediato como una obra excesiva,
incómoda, casi ofensiva, incluso para quienes ya seguían a Sharrock. Hay
críticos que advierten —con tono de alerta sanitaria— que el álbum sobrepasa
cualquier límite razonable. Que no se deja escuchar. Que no concede refugio.
Que expulsa al oyente de toda zona de confort conocida.
Las advertencias se multiplican:
este no es un disco para todos.
Pero, entre el ruido y la
indignación, surgen otras voces. Algunas hablan de energía pura sin filtrar, de
una música que no solo rompe con el jazz, sino que lo desborda y lo empuja
hacia un territorio todavía sin nombre ni mapas. En un final de década marcado
por tensiones sociales, políticas y culturales, Black Woman aparece como un
síntoma extremo: violento, honesto y sin anestesia.
No es un lanzamiento más. Es un
evento.
Un disco que obliga a tomar
partido, que incomoda por igual a críticos y oyentes, y que deja una cosa muy
clara: Sonny Sharrock no ha venido a encajar en ninguna escuela. Ha venido a
reventar el aula con todos dentro.
Impresión Personal: La
incomodidad como forma de verdad
Black Woman es un álbum difícil
de catalogar y, precisamente por eso, profundamente innovador. Adelantado a su
tiempo, se mueve en una frontera inestable donde conviven el folk, el blues, el
jazz y la experimentación más radical, construyendo una identidad sonora que
parece mirar más hacia el futuro que hacia cualquier tradición reconocible. No
hay aquí una búsqueda de equilibrio, sino de ruptura.
Entre gritos, gemidos,
improvisaciones extremas y melodías fragmentadas de raíz folk, blues y jazz,
Sonny Sharrock manifiesta en Black Woman una forma de free jazz llevada al
límite, casi como un estado de trance. Es un disco original, ácido y frontal,
ajeno a todo lo que su tiempo considera seguro o aceptable. Su sonido
amplificado no busca agradar: busca sacudir.
Probablemente incomprendido y
difícil de digerir para muchos oídos, el álbum está, sin embargo, cargado de
una sensibilidad y espiritualidad únicas. Bajo la apariencia de caos se percibe
una intención clara, una urgencia expresiva que convierte cada pasaje en algo más
que provocación. Black Woman no es ruido gratuito; es ruido con propósito.
No se trata de un disco para
consumo inmediato ni para audiencias desprevenidas. Requiere oídos abiertos,
disposición y entrega. De lo contrario, puede resultar abrasivo, incluso
incómodo. Pero con el paso del tiempo, aquello que hoy desconcierta empieza a
revelarse como lo que realmente es: una obra que desbordó su época. Quizá hoy
resulte incómodo y excesivo, pero el tiempo ya empieza a señalarlo con otro
nombre: culto.
Mini-datos:
- Fue grabado y lanzado en 1969: Black Woman fue grabado en mayo de 1969 y publicado ese mismo año por Vortex Records, marcando el debut como líder de Sonny Sharrock.
- Además de Sharrock en la guitarra, el álbum contó con músicos clave del free jazz como Milford Graves (batería), Dave Burrell (piano), Norris Jones (bajo) y las vocales impactantes de Linda Sharrock, lo que hace de la obra un documento sonoro único de ese momento.
- El álbum fue producido por el flautista Herbie Mann, con quien Sharrock había grabado nueve álbumes antes; una colaboración que sorprendió por lo poco común entre el jazz más tradicional de Mann y la radicalidad de Sharrock.
- Críticos modernos describen a Black Woman como “una pieza extraordinaria de música energética que va mucho más allá del jazz”, subrayando la presencia vocal de Linda Sharrock y la intensidad colectiva del grupo.
02. Peanut
03. Bialero
04. Blind Willy
05. Portrait of Linda in three colors, in black
CODIGIO: T-31
Anexo:



Comentarios
Publicar un comentario
Muchas Gracias por enriquecer el Blog con tu comentario. Saludos.