TRANSLATE

Sonny Sharrock - Black Woman

 

This is easily one of the 2-3 most unique Jazz albums I have heard as it both an extremely unique instrumental composition and the unique vocals on the album. Instrumentally there is a large focus being on Sonny's electric guitar as well as the inclusion of horns on only the first two tracks which is pretty atypical for Jazz music. It is just an incredibly unique and challenging listen that is at both times passionate and dissonant, forcing the listener to reckon with the struggles of the titular black women of America. It is definitely an acquired taste but it really did something for me. The only issue I had was the screeches and yelps by Linda became a little overbearing and too harsh on the final track. By that I don't mean thematically because in that sense they work but musically it is just appealing to listen to at times.

“Sharrock no toca la guitarra: la utiliza como un arma blanca. Black Woman es un disco que debería venir con advertencia para oyentes sensibles.” — Edgar Miles, Downbeat Observer

“Mientras otros músicos intentan salvar el jazz, Sonny Sharrock lo arroja al vacío para ver si aprende a volar.” — Ruth Ellington, Underground Music Press

El free jazz tiene una nueva arma, y no es un saxofón: Sharrock entra al campo de batalla con cuerdas y retroalimentación.

Sharrock: Gritos, trance y electricidad

ESCÁNDALO EN EL JAZZ. Así podría titularse la aparición de Black Woman, el primer álbum de estudio que Sonny Sharrock lanzado en 1969 a través de Vortex Records. No es un disco: es un ataque frontal. No está hecho para vender, ni para gustar, ni para acompañar una copa en clubes con mantel blanco. Black Woman irrumpe como una alarma mal calibrada en medio de una escena que aún finge orden y respeto por las buenas formas.

Sharrock, conocido ya en los círculos más extremos del free jazz, es uno de los pocos guitarristas que se atrevieron a entrar en una guerra dominada por saxofones, y lo hizo armado hasta los dientes. Su guitarra no canta: ladra, chilla, se desgarra. Usa acordes como bloques de concreto, cadenas de retroalimentación ensordecedora y líneas que parecen saxofones poseídos más que cuerdas afinadas. Aquí la amplificación no es técnica: es provocación.

No hay concesiones. No hay singles. No hay promesas. Black Woman se mueve fuera de toda lógica comercial conocida. Cada tema parece diseñado para poner nervioso al oyente, para incomodar al crítico y para hacer que más de un purista del jazz mire el tocadiscos como si acabara de estallar. Esto no es música para distraerse: es ruido organizado con intención.

En un momento en que el jazz busca desesperadamente su futuro, Sonny Sharrock deja caer esta bomba sin pedir permiso. Black Woman no solicita atención: la exige. Y mientras algunos lo llamarán herejía y otros lo celebrarán como revelación, una cosa es segura: este disco no pasará desapercibido. Y quizá, justamente por eso, ya está haciendo más ruido que muchos álbumes pensados para triunfar.

Contexto histórico: La bomba que Sonny Sharrock dejó caer sobre el jazz

Cuando Black Woman comienza a circular en 1969, Sonny Sharrock ya no es un nombre susurrado en sótanos ni un secreto a voces del free jazz. Es, para muchos, un problema en expansión. Su historial junto a Pharoah Sanders, Don Cherry, Wayne Shorter y Byrd Lancaster lo ha colocado en el radar de la vanguardia más dura, pero nada de eso preparó al ambiente para el verdadero escándalo: su alianza con Herbie Mann.

Sí, ese Herbie Mann. El flautista respetable. El nombre aceptable. El que aparece en estanterías prolijas. Mann no solo produce Black Woman, sino que se planta públicamente a favor de Sharrock después de haberlo incluido en nueve grabaciones previas, desatando murmullos, cejas levantadas y cuchillos afilándose en la crítica. Para muchos, aquello no fue una colaboración: fue una traición.

Las críticas no tardan en llover. ¿Cómo puede alguien como Sharrock —ese guitarrista que hace gritar los amplificadores y dinamita la armonía— estar en la banda de Mann? La respuesta del flautista cae como gasolina sobre el incendio:

«Mucha gente dice que no puede entender cómo Sonny Sharrock puede estar en mi banda. La única razón es que piensan que un líder debe criar a todos sus músicos a su propia imagen. Eso solo demuestra que la gente y los críticos no saben nada sobre los individuos».

En un mundo de jerarquías sagradas y estilos blindados, esas palabras suenan a herejía pública.

El disco aparece… y el caos se confirma. Black Woman es señalado de inmediato como una obra excesiva, incómoda, casi ofensiva, incluso para quienes ya seguían a Sharrock. Hay críticos que advierten —con tono de alerta sanitaria— que el álbum sobrepasa cualquier límite razonable. Que no se deja escuchar. Que no concede refugio. Que expulsa al oyente de toda zona de confort conocida.

Las advertencias se multiplican: este no es un disco para todos.

Pero, entre el ruido y la indignación, surgen otras voces. Algunas hablan de energía pura sin filtrar, de una música que no solo rompe con el jazz, sino que lo desborda y lo empuja hacia un territorio todavía sin nombre ni mapas. En un final de década marcado por tensiones sociales, políticas y culturales, Black Woman aparece como un síntoma extremo: violento, honesto y sin anestesia.

No es un lanzamiento más. Es un evento.
Un disco que obliga a tomar partido, que incomoda por igual a críticos y oyentes, y que deja una cosa muy clara: Sonny Sharrock no ha venido a encajar en ninguna escuela. Ha venido a reventar el aula con todos dentro.

Impresión Personal: La incomodidad como forma de verdad

Black Woman es un álbum difícil de catalogar y, precisamente por eso, profundamente innovador. Adelantado a su tiempo, se mueve en una frontera inestable donde conviven el folk, el blues, el jazz y la experimentación más radical, construyendo una identidad sonora que parece mirar más hacia el futuro que hacia cualquier tradición reconocible. No hay aquí una búsqueda de equilibrio, sino de ruptura.

Entre gritos, gemidos, improvisaciones extremas y melodías fragmentadas de raíz folk, blues y jazz, Sonny Sharrock manifiesta en Black Woman una forma de free jazz llevada al límite, casi como un estado de trance. Es un disco original, ácido y frontal, ajeno a todo lo que su tiempo considera seguro o aceptable. Su sonido amplificado no busca agradar: busca sacudir.

Probablemente incomprendido y difícil de digerir para muchos oídos, el álbum está, sin embargo, cargado de una sensibilidad y espiritualidad únicas. Bajo la apariencia de caos se percibe una intención clara, una urgencia expresiva que convierte cada pasaje en algo más que provocación. Black Woman no es ruido gratuito; es ruido con propósito.

No se trata de un disco para consumo inmediato ni para audiencias desprevenidas. Requiere oídos abiertos, disposición y entrega. De lo contrario, puede resultar abrasivo, incluso incómodo. Pero con el paso del tiempo, aquello que hoy desconcierta empieza a revelarse como lo que realmente es: una obra que desbordó su época. Quizá hoy resulte incómodo y excesivo, pero el tiempo ya empieza a señalarlo con otro nombre: culto.

Mini-datos:

  • Fue grabado y lanzado en 1969: Black Woman fue grabado en mayo de 1969 y publicado ese mismo año por Vortex Records, marcando el debut como líder de Sonny Sharrock.

  • Además de Sharrock en la guitarra, el álbum contó con músicos clave del free jazz como Milford Graves (batería), Dave Burrell (piano), Norris Jones (bajo) y las vocales impactantes de Linda Sharrock, lo que hace de la obra un documento sonoro único de ese momento.

  • El álbum fue producido por el flautista Herbie Mann, con quien Sharrock había grabado nueve álbumes antes; una colaboración que sorprendió por lo poco común entre el jazz más tradicional de Mann y la radicalidad de Sharrock.

  • Críticos modernos describen a Black Woman como “una pieza extraordinaria de música energética que va mucho más allá del jazz”, subrayando la presencia vocal de Linda Sharrock y la intensidad colectiva del grupo.
01. Black Woman
02. Peanut
03. Bialero
04. Blind Willy
05. Portrait of Linda in three colors, in black

CODIGIO: T-31




Anexo:

Miles Davis - Bitches Brew 

Aunque nacidos desde trincheras distintas, Black Woman (1969) y Bitches Brew (1970) comparten el mismo temblor de época: el momento exacto en que el jazz decidió dejar de explicarse. Sonny Sharrock dinamitó la guitarra desde la periferia del free; Miles Davis incendió el centro del sistema desde adentro. Uno atacó sin permiso, el otro traicionó con estrategia. Ambos discos no buscan consenso ni comodidad: anuncian el fin de una era y el inicio de otra más oscura, más libre y peligrosamente abierta.

Comentarios