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Blue Öyster Cult - Same

 

I am hearing people here complaining about the production on this album and I am going to have to say I enthusiastically disagree saying its bad by any means. Yes its very raw but to me its so murky and has the right amount of reverb that it really gives the material a much darker driving too long at night hallucinating vibe. Really extremely well done debut. Have listened to it many many times while high and working dead end jobs. Seriously how can you call the sound on "workshop of the telescopes" bad? Totally dreamlike vibe!!!

“Con los Blue Öyster Cult, Nueva York ha producido su primera bestia boogie genuina…” @Lester Bangs

Mientras algunos aún debaten si el heavy metal es una moda pasajera o una amenaza cultural, en Nueva York una banda comienza a consolidar algo más peligroso: identidad.

La Arquitectura de Sombra que Amenaza al Rock

Nueva York, 1972.
Mientras las vitrinas exhiben el brillo ambiguo de Transformer y Lou Reed convierte la decadencia urbana en poesía glamorosa, otra fuerza comienza a tomar forma en las sombras de la misma ciudad. No luce maquillaje. No sonríe para las cámaras. Se llama Blue Öyster Cult.

Lo que algunos intentan catalogar como simple hard rock con inclinaciones progresivas podría ser, en realidad, algo más inquietante. A comienzos de los años setenta, cuando el término “heavy metal” aún no tenía fronteras claras, esta banda ya respiraba esa identidad con una naturalidad alarmante.

No era solo potencia. Era atmósfera. Una mezcla calculada de hard rock, blues y soul envuelta en teatralidad oscura y una sensualidad que no pedía permiso. Había método detrás del volumen. Concepto detrás del riff.

Mientras el público celebraba el brillo del espectáculo, Blue Öyster Cult estaba delineando en silencio el contorno del sonido del futuro. No buscaban escandalizar… pero el resultado era perturbador. No parecían una moda. Parecían una señal.

Si el rock iba a endurecerse, si el metal iba a adquirir forma definitiva, aquí estaba uno de sus primeros manifiestos urbanos. Y quizá lo más inquietante de todo es que sonaba inevitable.

¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DEL NUEVO CULTO ELÉCTRICO?

Antes de que el nombre Blue Öyster Cult comenzara a circular como una advertencia en los círculos del rock neoyorquino, la historia empezó en 1967 bajo una denominación menos intimidante: Soft White Underbelly. El grupo nació en una casa comunal vinculada a la Universidad de Stony Brook, en Long Island, cuando el crítico de rock Sandy Pearlman asistió a una sesión de improvisación encabezada por su compañero de estudios Donald Roeser y quedó convencido de que allí había algo más que simple entusiasmo universitario.

Pearlman no dudó: se ofreció como mánager y socio creativo. La banda aceptó. La formación inicial reunía a Roeser en la guitarra, Albert Bouchard en la batería (tras la salida de Joe Dick), Allen Lanier en teclados, Les Braunstein en la voz y Andrew Winters en el bajo.

El debut en vivo llegó en octubre de 1967 como banda de apoyo de Steve Noonan en el gimnasio de la Universidad de Stony Brook, en un concierto gestionado por el propio Pearlman. El nombre Soft White Underbelly surgía de una frase atribuida a Winston Churchill, quien describió a Italia como “el punto débil del Eje”. Desde el inicio, nada parecía casual.

Pearlman resultó decisivo. Consiguió contratos discográficos con Elektra y posteriormente con Columbia, y aportó su propia poesía a las letras, incluyendo piezas como “Astronomy”. El escritor Richard Meltzer, también estudiante de Stony Brook, contribuyó igualmente con textos en los primeros años.

En 1968 grabaron material para Elektra, pero tras la salida del vocalista Les Braunstein en 1969, el álbum fue archivado. El puesto de cantante principal terminó en manos de Eric Bloom, quien inicialmente había sido contratado como ingeniero acústico. Una serie de coincidencias improbables —y la redescubierta capacidad vocal de Bloom— lo colocaron al frente del micrófono, posición que definiría la identidad futura del grupo.

Una crítica negativa tras un concierto en el Fillmore East en 1969 llevó a Pearlman a rebautizar a la banda sucesivamente como Oaxaca y luego Stalk-Forrest Group. Incluso adoptaron nombres artísticos —Jesse Python, Buck Dharma, Andy Panda, Prince Omega y La Verne— aunque solo Buck Dharma sobreviviría al experimento. Grabaron nuevo material para Elektra; apenas un sencillo promocional vio la luz.

Finalmente, tras varios nombres provisionales más, en 1971 el grupo adoptó el definitivo: Blue Öyster Cult.

El productor neoyorquino David Lucas los llevó a su estudio Warehouse, donde grabaron demos que llamaron la atención de Columbia Records. Clive Davis escuchó aquellas cintas y decidió apostar por ellos. El álbum debut fue producido por Lucas en apenas ocho pistas, una limitación técnica que no impidió que el resultado sonara ambicioso, denso y conceptual. Poco después, Andrew Winters abandonó la banda y fue reemplazado por Joe Bouchard.

Lo que había comenzado como una improvisación universitaria estaba listo para convertirse en algo más grande. Mucho más grande.

La Hermandad del Símbolo Secreto

LA SECTA SONORA YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Enero de 1972.
Sin estridencias publicitarias ni escándalos prefabricados, Blue Öyster Cult aparece en las tiendas como quien deja un mensaje cifrado sobre el mostrador.

La portada, en blanco y negro, diseñada por Bill Gawlik, no promete diversión fácil. No sonríe. No seduce. Es fría. Es críptica. Es casi una advertencia visual de que lo que contiene no está pensado para la radio complaciente.

Dentro, títulos como “Cities on Flame with Rock and Roll”, “Stairway to the Stars” y “Then Came the Last Daysof May” no parecen canciones aisladas, sino capítulos de un mismo expediente. El sonido ya se inclina decididamente hacia el hard rock, pero conserva restos de una psicodelia que no desaparece: muta. “She’s as Beautiful as a Foot” y “Redeemed” son prueba de que la banda no ha olvidado sus raíces lisérgicas; simplemente las ha endurecido.

Detrás del proyecto, Sandy Pearlman tenía una ambición que no era modesta: quería que el grupo se convirtiera en la respuesta estadounidense a Black Sabbath. No una copia. No una imitación. Una contraparte conceptual. Si Sabbath era la oscuridad industrial de Birmingham, Blue Öyster Cult sería la versión intelectual y urbana del mismo presagio.

Y había algo más inquietante: en este debut casi todos los miembros asumieron turnos vocales. No había una sola voz dominante, sino un frente compartido. Como si la identidad del grupo no dependiera de una figura, sino de una estructura. De una idea.

El disco se vendió lo suficiente como para ponerlos en ruta junto a nombres ya consolidados como The Byrds, Mahavishnu Orchestra y Alice Cooper. Pero en los escenarios ocurrió algo revelador: el sonido comenzó a volverse más pesado, más directo, menos ambiguo.

La transformación estaba en marcha.

No era un simple álbum debut. Era un punto de inflexión silencioso. Mientras otros competían por atención con brillo y espectáculo, Blue Öyster Cult estaba construyendo algo más duradero: una estética de sombra, concepto y volumen controlado.

Y lo más perturbador es que no parecía improvisado.
Parecía planeado.

¿A QUE SUENA EL NUEVO SONIDO?

Blue Öyster Cult había tomado por asalto el mundo. Su debut huele a presagio y su propuesta era interesante, pero su sonido no va más allá del futuro. Sin embargo, lo que lo hace misterioso e inquietante es la performance del concepto y la visión que se tenía del álbum.

Canciones míticas, propuestas arriesgadas y conceptos que algunos vislumbraban como místicos y oscuros son sus grandes bondades. El debut suena bien y tiene un aire de aliento incipiente al progresismo; no es proto-prog, pero tampoco se manifiesta como un ente early prog. La obra está encasillada hacia la visión del hard rock primitivo y las primeras manifestaciones del sonido metálico.

Tienen la esencia del proto-metal, como la tienen Uriah Heep, Black Sabbath o Deep Purple. “Stairway To The Stars” es un claro ejemplo de ello, y eso se puede apreciar con nitidez en sus riffs.

Por lo tanto, tenemos en nuestras manos un trabajo de avanzada, con el concepto en vena ART llevado hacia la mística y el enigma. La idea general de la obra aunaba referencias esotéricas. Desde el inicio hubo una intención casi literaria: letras cargadas de simbolismo, referencias científicas, misticismo e ironía intelectual. No era oscuridad por pose; era oscuridad pensada.

El álbum en sí era enigmático. La misma portada producía una sensación extraña y, si a eso le agregamos que se les consideró sectarios —debido a un símbolo que se veía en dicha portada y que recordaba vagamente a una esvástica— encontramos aquí un álbum que es CULTO puro.

1972 fue un año clave, y un álbum había nacido para predestinar un sonido fundamental. La banda más salvaje de Nueva York había nacido.

Y si te preguntas: ¿a qué suena el nuevo sonido?

Básicamente es un disco de hard rock estadounidense, con algunos pasajes de rock and roll / boogie con sabor blusero y un sonido atmosférico, ecléctico, nocturno y críptico. Presenta un enfoque elegante y ligeramente surrealista, además de finos trabajos de guitarra a cargo de Donald “Buck Dharma” Roeser.

Escuchar este debut hoy es escuchar el momento exacto en que el metal empieza a adquirir conciencia propia. No el metal ruidoso y exagerado que vendría después, sino su versión embrionaria, urbana y elegante.

Aquí no hay teatralidad evidente como en el glam ni oscuridad rural como en Sabbath. Hay ciudad. Hay intelecto. Hay símbolos que no se explican del todo.

Lo verdaderamente perturbador es que el disco no parece ansioso por gustar. No suplica atención. Se impone con seguridad fría.

En retrospectiva, puede que no haya sido el álbum más ruidoso de su generación, pero sí fue uno de los más calculadamente influyentes. Marcó una línea estética: ocultismo sugerido, narrativa conceptual y una sensualidad sombría que se movería como corriente subterránea en el heavy metal posterior.

No fue un accidente. Fue una declaración.  Hasta más vernos.

Mini-datos:

  • Registro en ocho pistas — límite técnico creativo: El álbum debut de Blue Öyster Cult fue grabado en octubre de 1971 en The Warehouse de Nueva York utilizando un grabador de ocho pistas. Esa limitación técnica obligó a ingenieros y músicos a usar trucos de estudio para maximizar cada canal, como doblar partes vocales o realizar “live bounces” para encajar múltiples líneas en el mismo espacio de cinta.

  • Producción compartida y enfoque conceptual: El disco fue producido por David Lucas, Murray Krugman y Sandy Pearlman. Lucas trajo su experiencia técnica de estudio y trucos de grabación; Krugman aportó disciplina en el peso del sonido; y Pearlman, además de ser mánager, contribuyó a mantener la visión conceptual que definiría la identidad estética del grupo desde sus inicios.

  • Grabación de material anterior y evolución sonora: Antes de este álbum, la banda había grabado material para otro sello bajo nombres anteriores (como Soft White Underbelly y Stalk-Forrest Group), que nunca llegó a editarse oficialmente en su momento. Esos primeros conceptos y grabaciones archivadas ayudaron a moldear el enfoque del material final que terminó en el álbum de 1972. 
01. Transmaniacon MC
02. I'm On The Lamb But I Ain't No Sheep

03. Then Came The Last Days Of May
04. Starway To The Stars
05. Before The Kiss, A Redcap
06. Screams
07. She's As Beautiful As A Foot
08. Cities On Flame With Rock And Roll
9. Worshop Of The Telescopes
10. Redeemed

CODIGO: L-24




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