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Robert Calvert - Captain Lockheed And The Starfighters

 

Calvert had this idea around for sometime, it was the logical follow up to Space Ritual. He left Hawkwind in mid 73 due to on going mental health issues and the project went on hold, Urban Guerrilla (possibly Hawkwind's finest moment was banned) and Calvert was at a loose end. By late 1973 Calvert gathered up all members of Hawkwind and began recording Captain Lockheed until completed in early1974 with Eno involved, Arthur Brown and Viv Stanshall. The songs were in fact Hawkwind songs driven by Lemmy's pounding bass, the chugga chugga Hawkwind style was evident. Ejection was recorded as early as 1972 as a proposed single. (you will find that version on the expanded Do Re Mi album) It is the mother of all concept albums and Robert Calvert's masterpiece, it should've come out as a Hawkwind album (better marketing) and they should've toured it. I like the whole idea, i like the story, i like the humour of it and i like the songs. It is a brilliant album, underrated and somewhat forgotten. It shouldn't be. Brock still plays some songs in the Hawkwind set to this day. It is an essential 70's rock classic.

UN ÁLBUM BAJO SOSPECHA: MÚSICA, SÁTIRA Y DENUNCIA EN 1974

Londres, 12 de octubre de 1974. — En una Europa aún sacudida por las tensiones de la Guerra Fría y las persistentes sombras de la industria armamentística, ha surgido un artefacto sonoro que semeja más un informe confidencial filtrado desde las altas esferas que un mero álbum de gramófono convencional.

Captain Lockheed and the Starfighters, obra del escritor y músico Robert Calvert —antiguo timonel de la formación Hawkwind—, llega en un momento en que la fe en los grandes fabricantes aeronáuticos comienza a resquebrajarse seriamente, sobre todo tras los turbios episodios que han rodeado al caza Lockheed F-104 Starfighter en las fuerzas aéreas de Europa Occidental.

Respaldado por una constelación de colaboradores vinculados al círculo de Hawkwind —entre ellos el novelista Michael Moorcock, junto a figuras como Brian Eno y el productor Roy Thomas Baker—, el disco se presenta como una sátira feroz envuelta en los ropajes de una ópera rock de corte tecnológico. A esta inusual formación se suman excéntricos de la escena británica como el excéntrico Arthur Brown y el inigualable Viv Stanshall, este último encargado de una serie de “diálogos” que recorren la grabación con un tono tan delirante como inquietante, casi extraído de los corredores de un manicomio.

Lejos de ceñirse a los códigos habituales del space rock, la obra de Calvert adopta una forma más próxima al reportaje dramatizado: fragmentos sonoros que evocan reuniones de directorio en las altas esferas corporativas, transmisiones militares y voces al borde del colapso nervioso. En piezas como “Franz Joseph Strauss”, la interpretación de Stanshall —cargada de un acento alemán tan convincente como desquiciado— parece arrancada de un archivo psiquiátrico más que de los estudios de grabación de Olympic o Trident. Otros cortes, como “Board Meeting” o “Ground Control”, refuerzan la incómoda sensación de estar asistiendo a una reconstrucción auditiva de acontecimientos que jamás debieron llegar al conocimiento público.

Aunque el álbum conserva la impronta mecánica y expansiva de Hawkwind —con la presencia inconfundible de Dave Brock y Lemmy en guitarras y bajo, así como el saxofón característico de Nik Turner—, Calvert introduce un contraste inesperado: su propia voz, serena y casi distante, como si relatara los hechos desde la fría sala de control de alguna base secreta. Se dice que la obra traza la historia de un capitán y sus aeronaves —los infames Starfighters, utilizados por diversas fuerzas aéreas occidentales durante los años sesenta—, pero incluso sin seguir al pie de la letra ese hilo narrativo, el conjunto funciona como un documento perturbador de nuestro tiempo. Temas como “The Right Stuff” o “The Aerospaceage Inferno” incorporan referencias directas al imaginario tecnológico y militar de la era, mientras que momentos de abierta experimentación sonora cercándolo a terrenos que ciertas formaciones como Roxy Music comienzan ya a tantear.

En una década en la que la música comienza a dialogar sin tapujos con la política y la creciente desconfianza hacia las instituciones, Captain Lockheed and the Starfighters no se limita a escucharse: se examina como un expediente. Más que un disco, es un archivo sonoro que, apenas unos meses después de su publicación, ya plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que oímos es pura ficción… y cuánto un reflejo fiel, y acaso demasiado fiel, de la realidad? [*]

Calvert y compañía: el grupo tras la maquinaria sonora de Captain Lockheed And The Starfighters. Londres, 1974.

Robert Calvert y el escándalo del Starfighter: cuando la música se convirtió en denuncia

A mediados de los años sesenta, en pleno pulso geopolítico de la Guerra Fría, la adquisición de tecnología militar de vanguardia se convirtió en prioridad estratégica para las potencias occidentales. En ese contexto, el Ministerio de Defensa de la República Federal de Alemania apostó decididamente por el Lockheed F-104G Starfighter, un caza supersónico desarrollado en Estados Unidos que prometía superioridad aérea absoluta… pero que muy pronto arrastraría consigo una reputación siniestra. Décadas después —o mejor dicho, apenas este mismo año de 1974—, Robert Calvert ha retomado ese episodio desde un ángulo tan inesperado como mordaz. Exlíder de Hawkwind, Calvert ha construido una obra conceptual que entremezcla canciones con interludios hablados, utilizando la sátira como escalpelo para diseccionar un caso real que ha dejado una huella profunda —y sangrienta— en la aviación militar europea.

El Starfighter, apodado por los propios pilotos de la Luftwaffe como “Widowmaker” (el hacedor de viudas), acumuló un historial alarmante: de las 916 aeronaves entregadas, más de 290 se perdieron en accidentes durante su servicio, que se extendió desde principios de los sesenta hasta bien entrados los ochenta. Más que una mera estadística, era el síntoma de un problema sistémico. Y Calvert lo ha comprendido como material narrativo de primera magnitud. Lejos de abordar el asunto con la solemnidad de un parte oficial, el álbum adopta una estructura híbrida: música y teatro radiofónico, informe secreto y delirio controlado. En su realización han participado nombres ligados a la órbita contracultural británica, incluyendo miembros de Hawkwind y The Pink Fairies, junto a Arthur Brown, Adrian Wagner y otros. Los segmentos hablados, pieza angular de la narrativa, recaen principalmente en Calvert, Viv Stanshall y Jim Capaldi, quienes tejen un entramado de voces que oscilan entre la parodia más despiadada de la jerga institucional y el puro colapso psicológico. En cuanto a su difusión comercial, el álbum vio la luz del sencillo “Ejection”, acompañado de“Catch a Falling Starfighter”, ambas en versiones ligeramente distintas a las incluidas en el long play. Otro detalle que revela la ambición conceptual de la empresa es “The Widow’s Song”, incluida inicialmente solo en el libreto impreso. Calvert había concebido esta pieza para ser interpretada por la propia Nico, aunque la grabación no llegó a materializarse en su momento.

Con el paso del tiempo —pues ya han transcurrido unos meses desde su aparición—, lo que en su día pudo parecer una rareza dentro del catálogo del rock británico se presenta hoy como algo más cercano a una reconstrucción artística de un episodio histórico sumamente incómodo. Un disco que no solo documenta… sino que señala con dedo acusador. En las calles de Londres y en los salones de los coleccionistas más avisados, Captain Lockheed and the Starfighters comienza a circular como un objeto de culto para aquellos que aún creen que la música puede ser algo más que mero entretenimiento: un arma, un espejo y, en ocasiones, un acta de acusación. [*]

Balance sonoro: el vuelo de Calvert entre mérito y sombra

Escuchado en su totalidad, Captain Lockheed and the Starfighters se presenta como un ambicioso ejercicio conceptual dentro del terreno del space rock, apoyado por una nómina de colaboradores que incluye a figuras tan dispares como Arthur Brown, Brian Eno, Jim Capaldi, Viv Stanshall y Lemmy, entre otros nombres de la órbita contracultural británica.

Inspirado en el controvertido historial del caza F-104 Starfighter —conocido entre los propios pilotos como el “Widowmaker”—, el álbum adopta una estructura que oscila entre la canción y el interludio hablado, configurándose como una suerte de radiodrama psicodélico. Esta alternancia entre diálogos y piezas musicales no siempre resulta fluida, pero sí contribuye a construir una atmósfera singular, a medio camino entre la sátira institucional y la ensoñación lisérgica.

En su apartado estrictamente musical, la obra se inscribe con claridad dentro de los parámetros del space rock y el heavy psych, evocando de manera directa las primeras exploraciones sonoras de Hawkwind. Cortes como “The Right Stuff” o “The Song of the Gremlin” funcionan como ejemplos representativos de ese impulso: ritmos insistentes, capas de sintetizadores y una cierta sensación de deriva cósmica que remite inevitablemente al pasado inmediato de su autor.

Es precisamente en este punto donde el álbum encuentra una de sus principales tensiones. Robert Calvert, lejos de romper del todo con el lenguaje de su antigua formación, parece aferrarse a él, produciendo un sonido que, si bien resulta efectivo, en ocasiones se percibe demasiado cercano a aquello de lo que intenta independizarse. Para un proyecto en solitario, esta proximidad puede interpretarse como una limitación, diluyendo parcialmente su carácter distintivo.

No obstante, la obra logra sostenerse gracias a una ejecución instrumental sólida y a una propuesta escénica que, en sus mejores momentos, alcanza cotas de notable interés. Riffs persistentes, texturas electrónicas y efectos sonoros cuidadosamente dispuestos configuran un paisaje auditivo que, sin llegar a ser revolucionario, sí resulta lo suficientemente sugestivo como para mantener la atención del oyente.

En conjunto, Captain Lockheed and the Starfighters se revela como un trabajo irregular pero estimulante: entretenido, cargado de psicodelia pesada y con destellos que anticipan sensibilidades que podrían encontrar eco en desarrollos futuros del rock más denso. Un disco que, sin despegar del todo de sus referentes inmediatos, ofrece suficientes elementos de interés como para ser considerado una pieza digna de atención, especialmente entre los aficionados al space rock, las óperas conceptuales y las formas musicales que buscan expandir sus propios límites. 

Mini-datos:

  • EL ÁLBUM NACIÓ DE UNA OBSESIÓN PERSONAL: Antes de escribir el disco, Robert Calvert tenía una fascinación casi enfermiza por la aviación. De joven quiso ser piloto, pero un problema físico se lo impidió. Este álbum fue, en parte, una forma de exorcizar esa obsesión.

  • MÁS QUE UN DISCO, FUE UNA OBRA DE TEATRO ADAPTADA: El proyecto no nació como álbum: originalmente era una pieza teatral experimental que Calvert transformó en disco. De ahí su estructura fragmentada, casi como escenas auditivas más que canciones tradicionales.

  • BRIAN ENO APARECE… PERO “DISFRAZADO”: Brian Eno participó en el álbum, pero no aparece con su nombre habitual. Fue acreditado con su nombre completo exageradamente largo: Brian Peter George St John Le Baptiste de la Salle… casi como si fuera otro personaje dentro del concepto.

  • EL DISCO TARDÓ MÁS DE UN AÑO EN TOMAR FORMA: Aunque suena caótico y espontáneo, la grabación se extendió durante meses (entre 1973 y 1974), pasando por varios estudios en Londres. Fue un proceso largo y complejo, más cercano a ensamblar una obra que a grabar un álbum convencional.

01. Frank Joseph Strauss, Defence Minister, reviews the Luftwaffe in 1958. Finding it somewhat lacking in image potential.
02. The Aerospace Inferno
03. Aircraft Salesman (A Door in the Foot)
04. The Widow Maker
05. Two test pilots discuss the Starfighter's performance.
06. The Right Stuff
07. Board meeting (seen through a contract lense)
08. The Song of the Gremlin (part one)
09. Ground Crew (last minute reassembly before take off)
10. Hero with a Wing
11. Ground Control to Pilot
12. Ejection
13. Interview
14. I Resign
15. The Song of the Gremlin (part two)
16. Bier Garten
17. Catch a Falling Starfighter 

CODIGO: A-18



Anexo: 

Hawkwind - Doremi Fasol Latido 

Si Captain Lockheed and the Starfighters funciona como un informe delirante filtrado desde una conspiración aeroespacial, Doremi Fasol Latido es el pulso cósmico que le da origen a ese universo. Con Hawkwind, el space rock deja de ser estética y se convierte en experiencia: riffs repetitivos como motores en combustión, ritmos hipnóticos y una sensación constante de estar flotando entre tecnología, ciencia ficción y paranoia eléctrica. Robert Calvert toma ese imaginario y lo transforma en narrativa, sátira y crítica envuelta en ruido y velocidad. Hawkwind, en cambio, lo mantiene en estado puro: energía espacial sin traducción, sin filtros. Uno cuenta la historia. El otro la vive en tiempo real. Escucharlos en conjunto es entrar en una misma dimensión: donde el rock se convierte en combustible… y la realidad empieza a deformarse.


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