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Clásicos de Oro: The Jimi Hendrix Experience - Axis: Bold As Love

 

Portrayed as his weakest link, which is like saying Villa is Barcelona's weakest striker or some shit like that. Unlike before or after, Jimi's fun infused funky spirit delights in how much fun he conjures; Reggae/Jazz/Pop 'Up From the Skies' strutting like a tomcat that just impregnated three quarters of the alleyway, 'Spanish Castle Magic' a pre-cursor for Deep Purple Mark II. Still he likes to get technical, 'If 6 Was 9' featuring an astounding piece of writing and playing underneath its tripped out blankets, 'Bold as Love' playing off its own complicated jigsaw pieces of instruments that don't always fit together "correctly", thankfully so for that, and thank you for this Jimi.

Personalmente me gusta más el Axis que el primer álbum.  
Axis Bold As Love es increíble. 

@Benet García

Axis: Bold As Love: Donde el Ruido se Volvió Conciencia

Había algo cambiando en el aire… como si la electricidad ya no quisiera solo hacer ruido, sino contar una historia.

Jimi Hendrix ya no estaba interesado en demostrar que podía tocar mejor que nadie. Eso ya era pasado. Ahora buscaba otra cosa… una forma de traducirse a sí mismo en sonido, de desarmar su propia identidad y volverla canción.

El nuevo material no seguía un solo camino. Se abría, mutaba. Cada tema parecía venir de un lugar distinto: ecos de sus días en bandas de rhythm and blues, recuerdos de escenarios pequeños, sudorosos… transformados ahora en visiones eléctricas. Canciones como “Spanish Castle Magic” y “Little Wing” no eran simples composiciones: eran fragmentos de memoria convertidos en vuelo, piezas que lo acompañarían en vivo como si fueran extensiones de su propia piel.

La crítica comenzaba a notar algo evidente: Hendrix ya no era solo un guitarrista incendiario… estaba creciendo, expandiéndose como compositor, explorando nuevas formas de construir su universo. Pero no todo en este viaje era control.

La portada del álbum, cargada de iconografía religiosa hindú, apareció como una imagen ajena, casi intrusa. No había nacido de su visión. No había pasado por sus manos. Y él lo dejó claro: ese reflejo no le pertenecía. Porque este no era un disco cualquiera.

Era una transformación en proceso. Una mente abriéndose… incluso cuando el mundo a su alrededor no terminaba de entender lo que estaba creando.

Contexto Histórico:

LADO A: Entre Tomas, Errores y Revelaciones

Después de incendiar el mundo con Are You Experienced, la maquinaria no se detuvo. Era mayo de 1967, y Londres todavía vibraba con el eco de lo que Jimi Hendrix había desatado. Pero mientras afuera comenzaban a entenderlo, él ya estaba en otra parte. El 4 de mayo, la Experience regresó a Olympic Studios, no para repetir la hazaña… sino para desmontarla pieza por pieza.

Chas Chandler seguía al mando como productor. Eddie Kramer, paciente y meticuloso, capturaba cada chispa desde la consola. A ellos se sumaba George Chkiantz, como testigo técnico de lo que empezaba a tomar forma. La primera pieza en caer fue “She’s So Fine”, una composición de Noel Redding que hablaba de hippies, pero que en manos del grupo se convirtió en algo más denso, más vivo. Hendrix, fascinado por su estructura, se sumergió en ella como si fuera un terreno nuevo. Tras veintitrés intentos, lograron capturar una versión definitiva… o al menos, lo suficientemente cercana. Pero el verdadero experimento estaba en otra parte.

Bajo nombres provisionales como “Sección A” y “Sección B”, comenzaban a construir lo que luego sería “If 6 Was 9”. No era una canción en el sentido tradicional. Era una estructura fragmentada, casi filosófica. En una de esas sesiones, la música se volvió física: pisadas sobre una plataforma de batería, grabadoras tocadas sin técnica, invitados improvisando ritmos con los pies. Entre ellos, figuras como Graham Nash. No importaba el método… solo el resultado. Hendrix no buscaba perfección académica. Buscaba sonido. Y el sonido respondía.

En apenas dos días, siete composiciones habían tomado forma. No todas sobrevivirían al corte final, pero todas eran parte del proceso: una mente probando sus propios límites. El 9 de mayo, algo distinto ocurrió. Hendrix encontró un clavecín olvidado en el estudio. Se sentó frente a él, curioso, casi como un niño frente a un juguete desconocido. De ahí nació “Burning of the Midnight Lamp”, una pieza que parecía venir de otro tiempo. No la terminó ese día. Apenas dejó una sombra, un boceto… pero suficiente para entender que el disco no se movería en una sola dirección. Luego vino el silencio. Un mes lejos del estudio, giras, escenarios, Europa. Y entonces, el regreso. Junio. Nuevas sesiones. Nuevas tensiones. Canciones que aparecían y desaparecían. Algunas, como “Cat Talking to Me”, quedarían fuera del álbum, enterradas en archivos futuros. Pero el proceso seguía avanzando, incluso cuando parecía perderse.

El 18 de junio, todo cambió. El Monterey Pop Festival marcó el desembarco en Estados Unidos. Hendrix ya no era una promesa. Era un fenómeno. Y sin embargo, entre conciertos y viajes, el álbum seguía incompleto, como una idea que se negaba a cerrarse. Intentaron grabar en Los Ángeles. No funcionó. El estudio no estaba a la altura. Volvieron a Londres, a Olympic, como quien regresa a su laboratorio secreto.

Y entonces ocurrió el accidente. La cinta maestra del lado A desapareció. Hendrix la había dejado olvidada en un taxi londinense. El tiempo corría. La fecha de entrega se acercaba. No hubo opción: tuvieron que reconstruir gran parte del trabajo en una sola noche. Mezclas apresuradas. Decisiones forzadas. Incluso una cinta rescatada y alisada con una plancha para poder ser utilizada. Nada de esto era ideal.

Hendrix lo sabía. No estaba satisfecho. Sentía que el disco merecía más tiempo, más espacio para respirar. Pero el mundo no espera a los perfeccionistas. Y mientras tanto, algo más se gestaba bajo la superficie. Las tensiones crecían. Chandler comenzaba a cansarse del perfeccionismo obsesivo. Noel Redding se frustraba ante las constantes indicaciones. Pero Hendrix… Hendrix ya no era solo el guitarrista. Empezaba a tomar control desde la mesa de mezcla, a moldear el sonido no solo con las manos, sino con la mente.

Mitch Mitchell lo vio claro: este era el punto de quiebre.

El momento en que Hendrix dejaba de ser interpretado… y comenzaba, por fin, a dirigir su propio universo.

LADO B: La Lenta Construcción del Mito

Cuando Axis: Bold as Love finalmente vio la luz el 1 de diciembre de 1967 en el Reino Unido, no llegó como una explosión… sino como una expansión silenciosa.

El público respondió. El disco ascendió hasta el número cinco y permaneció ahí, flotando durante semanas, como si se negara a desaparecer del radar. En Estados Unidos, unos meses después, alcanzaría el número tres. Pero las cifras, aunque importantes, no lograban capturar lo que realmente estaba ocurriendo. Porque lo que Axis provocaba… no era inmediato.

Era una reacción lenta. Una especie de comprensión diferida.

La crítica, por su parte, intentaba ponerle nombre a aquello. Algunos hablaban de una mezcla imposible: hard rock, rhythm and blues, jazz… pero ninguna etiqueta terminaba de encajar del todo. Era como intentar describir un color nuevo.

En las páginas de Rolling Stone, el desconcierto se volvía admiración. Nick Jones lo percibió como algo “desgarradoramente hermoso”, señalando momentos donde la música parecía desarmarse emocionalmente. Jim Miller fue más lejos: lo llamó una especie de alquimia sonora, una transformación del ruido en algo cercano a lo espiritual. No era solo psicodelia… era otra cosa.

Y tal vez ahí estaba la clave.
Nadie más podía hacer un disco así.
Nadie más podía siquiera intentarlo.

Con el tiempo, esa idea se volvería consenso. El álbum no solo mostraba crecimiento; mostraba dirección. Una nueva sutileza en la forma en que Jimi Hendrix construía su mundo. Menos caos desatado, más control invisible. Más intención. Algunos comenzaron a verlo como su obra más madura en términos de composición. Un punto donde la energía salvaje se encontraba, por fin, con una estructura consciente. Donde la guitarra no solo incendiaba… también susurraba. Pero no todos quedaron atrapados por el hechizo. Hubo quienes lo sintieron como un paso intermedio. Una transición entre dos fuerzas mayores. Un disco menos inmediato, menos contundente que sus hermanos. Incluso, para algunos, menos memorable. Como si su verdadera naturaleza se resistiera a ser comprendida en una sola escucha. Y sin embargo…El tiempo empezó a hacer su trabajo.

Año tras año, lista tras lista, Axis reaparecía. Se colaba entre los grandes. Escalaba posiciones. Se instalaba en rankings, libros, recopilaciones. No como un favorito evidente… sino como una presencia persistente. Un disco que no gritaba su importancia, pero que terminaba imponiéndose… Porque ese era su truco. No buscaba dominarte al instante. Te esperaba. Como una frecuencia que sigue sonando incluso cuando crees que todo ha terminado.[*]

Impresiones Personales: La Frecuencia que Nunca se Apagó

Cuando Axis: Bold as Love llega a la escucha, no lo hace como una revelación inmediata. No hay impacto frontal. No hay esa sacudida instantánea que definió su debut. En su lugar, aparece un sonido más contenido, más trabajado. Un álbum que despliega ambición y versatilidad, pero que, en un primer contacto, puede sentirse distante. Todo parece cuidadosamente construido: la ejecución es impecable, la interpretación sólida y el nivel técnico incuestionable. Sin embargo, esa misma meticulosidad juega en doble filo, suavizando parte del impulso visceral que caracterizaba a Jimi Hendrix.

La ventaja de contar con mayor tiempo en estudio se traduce en una expansión clara del lenguaje sonoro. Hendrix explora con mayor libertad: capas invertidas, efectos de fase, panorámicas estéreo que abren el espacio auditivo y una construcción más elaborada de las texturas. El resultado es un disco más psicodélico, más envolvente y, en muchos momentos, más introspectivo que su predecesor. Pero esa misma exploración también expone sus fisuras.

El álbum no mantiene una consistencia absoluta. Conviven aquí composiciones que alcanzan una dimensión casi etérea —“Little Wing”, “Spanish Castle Magic”, “Bold As Love”— con otras que, pese a su interés formal, no logran el mismo nivel de impacto. Esta irregularidad ha llevado a algunos a considerarlo el trabajo menos contundente de la trilogía clásica de la Experience. Y, sin embargo, reducirlo a esa lectura sería simplificarlo. Porque Axis no busca la perfección inmediata. Busca otra cosa.

Es un disco de transición, sí, pero también de riesgo. Un punto donde Hendrix comienza a priorizar la exploración por encima de la inmediatez, la atmósfera por encima del golpe directo. Hay una voluntad clara de expandir su universo creativo, incluso a costa de la cohesión. Ahí radica su verdadero valor.

Lejos de la perfección formal, lo que emerge es un álbum que se permite dudar, desviarse, experimentar. Un trabajo que no siempre impacta de forma directa, pero que, con el tiempo, revela una profundidad particular. Por eso, más allá de rankings o consensos críticos, Axis: Bold as Love puede entenderse como el auténtico álbum de culto de Hendrix.

No el más definitivo.
No el más inmediato.
Sino el que expone con mayor claridad su impulso por ir más allá de sí mismo.
Un disco que no se impone…pero que permanece. 

Mini-datos:

  • La mezcla perdida y reconstruida en una noche: Jimi Hendrix extravió la cinta maestra del Lado A en un taxi londinense. Ante la inminente fecha de entrega, tuvo que remezclar casi todo el material en una sola sesión nocturna junto a Chas Chandler y Eddie Kramer. La versión final publicada no era la original que Hendrix había aprobado.

  • “If 6 Was 9” y el uso no convencional del estudio: Durante la construcción de esta pista, el estudio se convirtió en un instrumento en sí mismo: se grabaron pisadas sobre superficies amplificadas y se incorporaron sonidos poco ortodoxos. Incluso se utilizó una grabadora (instrumento de viento) tocada por Hendrix sin formación previa, como parte de la textura sonora.

  • La portada: un conflicto de identidad visual: La icónica portada, inspirada en iconografía hindú, fue diseñada sin la aprobación directa de Hendrix. Él expresó públicamente su descontento, señalando que no representaba su identidad cultural ni su visión artística. Este desacuerdo marcó uno de los primeros choques entre la imagen comercial del artista y su propia percepción creativa.

01. Exp
02. Up from the skies
03. Spanish castle magic
04. Wait until tomorrow
05. Ain't no telling
06. Little wing
07. If 6 was 9
08. You got me floatin'
09. Castles made of sand
10.She's so fine
11.One rainy wish
12.Little Miss Lover
13.Bold as love 

CODIGO: @



Nota: Texto tomado de Wikipedia [*]

Anexo:

The Jimi Hendrix Experience –Electric Ladyland 

Axis: Bold as Love ya mostraba a The Jimi Hendrix Experience dando un salto decisivo en su evolución sonora. En Axis, Hendrix comienza a dejar atrás la urgencia del debut para explorar colores, capas y emociones más profundas: guitarras que ya no solo rugen, sino que pintan paisajes, canciones más concisas pero cargadas de intención, y una sensibilidad que apunta hacia algo más grande. Un año después, Electric Ladyland toma esas intuiciones y las convierte en un universo abierto: estructuras más libres, experimentación en estudio sin límites y una visión artística que ya no responde a ninguna regla. En Axis, Hendrix descubre nuevas formas de expresión. En Electric Ladyland, las lleva hasta el infinito. Escucharlos en secuencia es presenciar cómo la psicodelia deja de ser estilo… y se convierte en lenguaje absoluto.

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